Sobre esta opinión
Martín y Sofía viven en un dos ambientes sobre la calle Caballito, con una gata de siete años que desaparece cada vez que suena el portero. Antes de encargar el mueble probaron con mantas, cajas y un túnel plegable que terminaba siempre en el medio del living.
Martín trabaja en logística y pasa muchas horas fuera de casa; Sofía es docente y recibe visitas casi todos los fines de semana. Esa rutina fue la que los llevó a buscar una solución que no dependiera de cerrar una puerta cada vez que llegaba alguien. Les importaba que el mueble no pareciera un accesorio pegado al ambiente y que la gata pudiera usarlo sin ayuda.
Durante el proceso hicieron preguntas concretas: cómo se limpia el sisal, si la madera lleva algún tratamiento, qué pasa con la humedad de la pared y cómo revisar los herrajes con el tiempo. Prefirieron un volumen bajo junto a la ventana antes que una torre alta, porque el departamento ya tenía poco paso libre hacia el balcón.
Este testimonio describe su experiencia con el mobiliario y el proceso de trabajo. No incluye indicaciones sobre salud ni comportamiento felino: cualquier duda de ese tipo la derivaron a su veterinaria de cabecera.